Per a Europa i el mon occidental en general, els pirates de Somàlia són perillosos criminals que aguaiten als “pacífics” vaixells de les grans companyies pesqueres.
Però per als habitants de Kenya i Somàlia són un modern Robin Hood que els ha retornat la riquesa que mereixen.
Us mostre altra visió d’aquests “pirates”, també podeu veure’l amb subtítols en la següent web: WebIslam
“Conozco la sonrisa brillante de las mañanas,
las tardes melladas, las desdentadas noches,
sé del aullar de gigantes en lumbres de aspa de molino,
sé del letargo de los sentidos entre el estruendo de monedas,
sé del néctar de las bocas y de su aliento en la nuca,
sé de las palabras inútiles como volutas de humo,
y de camas deshechas como lienzos desflorados,
sé de los bordes cortantes del canto herido
sé su demencial cordura
desconozco, sin embargo,
ese rostro vagamente familiar,
que me mira a cada instante…
.. desde el espejo.”
El emperador etíope Haile Selassie (1892-1975) dijo que “la mayoría de personas adquiere la conciencia donde se acaban sus privilegios”. Parece irónico leer esta cita por parte de un personaje que durante su reinado se apropió de los privilegios de su pueblo. Pero en las ironías se esconden siempre grandes verdades, y ésta última define la esencia de un país donde cada realidad es una bofetada a la dignidad humana. Al norte, en un pueblo llamado Wukro (a pocos kilómetros de la frontera con Eritrea), 34.000 personas viven de cerca todos los dramas del país. Los habitantes de este municipio agrícola no se han podido salvar. En edades muy tempranas, en que la conciencia suele ser apenas un proyecto, los etíopes de Wukro ya sufren los primeros golpes. Sólo en el municipio se concentran más de 2.000 huérfanos. La mayoría de sus padres desaparecieron por la guerra con Eritrea o por brotes de tuberculosis, malaria o sida.
La peor parte A Mehalet Mefazu, de sólo seis años, le ha tocado vivir la peor parte. Nació seropositiva y sus familiares le esconden la verdad para que no quede estigmatizada. Allí, donde el porcentaje de portadores del virus del sida roza el 5% (es el sexto país más infectado), muchos creen que la enfermedad se propaga por la saliva. La vida para los huérfanos no es fácil. Centenares de ellos viven sin la presencia de ningún adulto en casa, por lo que sus hermanos mayores se ven obligados a convertirse en cabezas de familia de la noche a la mañana. Adolescentes de apenas 12 años deben asumir una pesada responsabilidad que les hace perder su infancia. Otros tienen la suerte de que alguien se haga cargo de ellos, como la pequeña Neziret Bedilu, una niña de cinco años que vive en casa de una vecina. Su padre murió en la guerra y su madre la abandonó porque no tenía suficiente dinero para cuidarla. En otro hogar, Gebrekiros Berhe vive con su abuela y sus otros dos hermanos. Pero no por eso ha tenido más suerte. A sus 17 años, su mente es la de un niño de cinco. Sufre un acentuado retraso mental y la falta de recursos de la familia impide su tratamiento. De hecho, la abuela Berhe tiene otros problemas que afrontar, como el dolor de haber perdido sus tres hijos por culpa de las epidemias. La mortalidad infantil en Etiopía está cerca del 90%. Para alimentarse, los niños están a merced de los programas sociales de las ONG, como es el caso de la organización catalana Adia (Asociación para el Desarrollo de la Infancia de África). En una ciudad donde sólo hay un médico y 20 enfermeros, donde el analfabetismo es del 60%, donde la esperanza de vida no supera los 55 años y la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza (un euro diario)… es fácil adquirir la conciencia de una realidad injusta.